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El valor residual de los coches eléctricos, o la clave del leasing sostenible

¿Ser propietario al 100 % de su vehículo, un modelo que pronto quedará obsoleto?

Al menos eso es lo que parece perfilarse, a juzgar por el éxito de las fórmulas de leasing en Francia. LOA (alquiler con opción de compra) y LLD (alquiler de larga duración): estas fórmulas representan ya, en el año 2022, el 47 % de las matriculaciones de coches nuevos para particulares y el 82 % para empresas. En 2012, solo el 11 % de los hogares optaba por el leasing, frente al 21 % en 2015, el 35 % en 2018 y el 42 % en 2020 (fuente). 

El valor residual, elemento central del modelo económico del leasing

El valor residual, piedra angular de todo el modelo de leasing, es el único factor que determina la creación de valor para todo el sector. Y esto es así tanto si se utiliza el término «valor residual» para referirse al compromiso de recompra acordado entre el distribuidor y la entidad financiera, como si se refiere al precio final de reventa del vehículo de ocasión al término del contrato. Así, un valor residual elevado garantiza una cuota asequible para el cliente final y un buen margen de reventa para el distribuidor.

Por desgracia, la transición acelerada hacia la movilidad totalmente eléctrica decidida por Bruselas, con la prohibición de los motores de combustión a partir de 2035 (fuente), no deja de generar numerosas incertidumbres en torno al valor residual de los automóviles, en particular los que funcionan con baterías. Entre estas incertidumbres, destaca el riesgo de obsolescencia: la capacidad y el rendimiento de las baterías avanzan rápidamente, ¿cómo asegurarse, en el momento de firmar el contrato de leasing, de que el vehículo en cuestión seguirá respondiendo a las expectativas del mercado tres o cuatro años después? Peor aún, ¿se puede estar seguro, en el momento de la devolución del vehículo, de que el estado de su batería le permitirá ofrecer el mismo rendimiento y la misma autonomía que al salir de fábrica? Sin mencionar siquiera la cadena de tracción, un coche eléctrico tiene un peso elevado, hasta el punto de someter a mayor esfuerzo a sus trenes de rodaje que su equivalente térmico. ¿En qué medida puede influir el desgaste de los neumáticos, los amortiguadores, las suspensiones y los ejes cardán en el valor de reventa del vehículo? 

El leasing, un elemento indispensable en la transición hacia la movilidad totalmente eléctrica

Son muchas las cuestiones a las que tendrán que hacer frente los operadores del sector del leasing en los próximos años, precisamente cuando esta modalidad está llamada a seguir creciendo. De hecho, durante la vigencia de su contrato de leasing, el particular solo financia la depreciación del vehículo, lo que permite obtener cuotas mensuales mucho más bajas que las de un crédito convencional. Teniendo en cuenta el precio de los coches eléctricos, tanto nuevos como de segunda mano recientes, el leasing constituye, por tanto, para muchos hogares la única forma de acceder a la movilidad eléctrica

En este contexto, los actores del sector no se encuentran, sin embargo, totalmente desamparados, y disponen de varias vías de actuación. La primera se sitúa en una fase previa, en el momento del pedido del vehículo: un profundo conocimiento de las tecnologías y de la oferta actual o futura en el mercado de los vehículos eléctricos puede permitir orientar al particular hacia una elección de modelo que garantice una fácil reventa al finalizar el contrato. Además, se puede ofrecer al cliente un asesoramiento experto para sensibilizarlo sobre el uso adecuado de su vehículo. Del mismo modo, a los distribuidores les conviene redoblar la vigilancia en el momento de la devolución del vehículo, con un examen exhaustivo de los componentes vitales del mismo: baterías de tracción, neumáticos, amortiguadores, etc. Incluso si ello implica facturar al conductor los gastos de reparación correspondientes a las averías constatadas.

Una política de recarga para los conductores

No obstante, entre el inicio y la finalización del contrato suelen transcurrir varios años. Los operadores de leasing también pueden influir en los riesgos de deterioro del valor residual del vehículo a lo largo de la duración del contrato, siempre que tengan acceso a los datos técnicos que transmite el vehículo en tiempo real y puedan comunicarse fácilmente con el cliente. Si se cumplen estas dos condiciones, será fácil convencer al usuario de que haga un uso sostenible de su vehículo, en particular en tres aspectos: las modalidades de recarga, el estilo de conducción y el cumplimiento de las instrucciones de mantenimiento.

En primer lugar, el comportamiento del conductor a la hora de recargar la batería influye considerablemente en el State of Health (SoH), o estado de salud, de la batería al finalizar el contrato. De hecho, el uso excesivo de ciertas prácticas tiende a degradar el rendimiento del acumulador: demasiadas recargas rápidas, conducir habitualmente con muy poca carga o, por el contrario, con una carga del 100 %, etc. Para estimar el SoH de una batería, el método más utilizado consiste en emplear una herramienta de prueba que se conecta al puerto OBD del vehículo. A continuación, hay que cargar el coche al 100 % y utilizarlo hasta que se descargue por completo para poder analizar sus datos técnicos. Un método costoso en tiempo e inversión. Por el contrario, los datos técnicos transmitidos por el vehículo al fabricante en tiempo real permiten conocer el comportamiento de carga del conductor, y en particular sus malas prácticas. De este modo, es posible ponerse en contacto con él para corregir el rumbo y hacer que se adhiera a una «política de carga».  

Estilo de conducción y mantenimiento: datos que hay que tener en cuenta a diario

En segundo lugar, el estilo de conducción es uno de los principales factores que pueden reducir el valor residual del vehículo en el momento de su devolución. De hecho, las aceleraciones bruscas, las frenadas intempestivas y el exceso de velocidad pueden someter a un desgaste excesivo las pastillas y los discos de freno, los muelles de los amortiguadores, los neumáticos, los ejes cardán y los brazos de suspensión. Y esto sin mencionar las cargas más frecuentes que degradarán el estado de salud (SoH) de la batería y reducirán su capacidad, al tiempo que desgastan prematuramente los cables y los sistemas de recarga. Si bien la inspección del vehículo en el momento de la devolución permite detectar un posible desgaste prematuro de estos componentes mecánicos, requiere inmovilizar el coche en un elevador con la ayuda de técnicos cualificados. Sin embargo, al igual que el comportamiento de carga, el modo de conducción puede seguirse y controlarse a lo largo de toda la vida útil del vehículo gracias a los datos transmitidos en tiempo real al fabricante. Siempre que tenga acceso a ellos, el operador de leasing podrá así asegurarse de que su cliente hace un uso razonable del vehículo.

Por último, una actitud descuidada por parte del conductor respecto al mantenimiento de su vehículo puede dar lugar a que este se devuelva en mal estado. Y esto es así tanto si se trata del mantenimiento programado (libro de mantenimiento) como de las indicaciones puntuales que aparecen en el salpicadero sobre la necesidad de acudir al taller o de rellenar líquidos. Por lo tanto, solo un seguimiento en tiempo real de los datos del vehículo en una interfaz específica permite asegurarse de que el conductor cumple con las normas y ponerse en contacto con él si es necesario.